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BLOG DE LAS JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA:
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19.2.10

LOS HOMBRES DE WASHINGTON IRVING. JL TAPIA. PERIÓDICO IDEAL.(17/02/10)

La escritora Carolina Molina (Madrid, 1963) publica la novela 'Guardianes de la Alhambra' (Ed. Rocaeditorial), un título que aborda las gentes y acontecimientos que Washington Irving conoció y vivió en Granada, aquellos personajes que habitaron los palacios nazaríes y que se transformaron en sus primeros protectores.
La historia relatada por Carolina Molina tiene su antecedente en la presencia del escritor estadounidense en la ciudad de Granada. En marzo de 1828, Washington Irving, quien se encontraba instalado en Madrid, inició su viaje soñado al sur de España en compañía de unos amigos de la embajada rusa. Tras una estancia de tres días en Córdoba, Irving llegó a Granada el 9 de marzo, a la caída de la tarde. El escritor permaneció diez días en la ciudad, alojado en «una de las posadas más miserables de Granada», según dejó escrito en una de sus cartas. Irving se adelantó a las futuras rutas turísticas por la ciudad al visitar la Catedral y la Capilla Real, Santo Domingo, la Cartuja y el Sacromonte, además de la obligada Alhambra y el Generalife. El 20 de marzo, Irving dejó Granada para dirigirse a Sevilla.
La casualidad, ingrediente fundamental en cualquier historia, hizo que el escritor se encontrara en la capital hispalense con el pintor David Wilkie y entablara amistad con la escritora Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero), marquesa de Arco Hermoso. El artista fue quien le sugirió a Irving que escribiera algo sobre el pasado andalusí, pero como si de un pintor se tratara, que describiera escenas alhambreñas. La marquesa de Arco Hermoso, por su parte, se encargó de ilustrar al autor de 'Los cuentos de la Alhambra' sobre todas las leyendas existentes relacionadas con el pasado islámico, que entusiasmaron al americano. Enseguida emprendió el primero de los cuentos y decidió volver a Granada en busca de más material.
En su primera estancia granadina había conocido a Mateo Jiménez, en la vida real llamado Matías, quien le sirvió de guía en aquella Alhambra de la imaginación y la leyenda. Uno de los aspectos que el escritor admirará de aquellos guardianes de la Alhambra será su arte para vivir sin hacer nada, y así lo expresó en varios de sus escritos.
Carolina Molina describe la Alhambra de 1829, un espacio abandonado por donde deambulaban todo tipo de personajes. Un dato que da idea de lo que era el recinto nazarí viene ofrecido por los incesantes expolios, un lugar que llegó a convertirse en una especie de penal, de albergue para exiliados políticos, un auténtico retiro de ensueño en una Granada sorprendida por las desamortizaciones.
Irving se dirigió a la residencia del gobernador de la ciudad, Francisco de la Serna, a quien le entregó unas cartas de presentación. No hicieron falta las recomendaciones, porque el entusiasmo del escritor era más que notorio. El gobernador puso a disposición de Irving sus propias estancias alhambreñas, una residencia de lujo que le convirtió en el primer huésped de la Alhambra. A partir de este punto, la historia es muy conocida gracias a sus conocidos 'Cuentos de la Alhambra', donde también se recogen las peripecias de Mateo.
Carolina Molina le ha proporcionado a Irving un nuevo amigo, el artista Manuel Cid, un joven pintor, que recogerá el testigo de su amor por la Alhambra. Cuando Irving abandona su residencia alhambreña será Cid el guía de todos los viajeros románticos que llegan a Granada inspirados por la obra del escritor estadounidense.
Visitas ilustres
La novela relata las visitas de Mérimeé, Gautier, Richard Ford y Dumas, entre otros, a la Alhambra. A todos y muchos más sirve Cid de cicerone apasionado. No puede faltar en una novela granadina de la autora madrileña el romance, y mucho menos en una época de exaltación del romanticismo. Manuel Cid encarna el papel de hombre romántico e impetuoso que sólo ha conocido dos amores, el de la lucha por la conservación de la Alhambra y el de la joven Francesca, una condesa italiana con quien experimentará un amor adúltero y arrebatado. Ni las maldades que urde su esposa contra él al verse engañada, ni los desbordamientos del río Darro, ni la llegada del cólera morbo a la ciudad, ni siquiera los incendios que devastarán calles y casas del centro histórico, conseguirán separarlo de Francesca.
Historia y ficción se unen en esta novela de corte romántico, y no sólo en lo que se refiere a la época. La escritora describe el mundo de los viajeros románticos, la llegada de David Roberts, el pintor escocés creador de las imágenes más reproducidas del monumento. Entre los acontecimientos que vivirán los 'Guardianes de la Alhambra' se encuentran la detención y ejecución de una joven mujer de ideología liberal llamada Mariana Pineda y también el nacimiento de otra mujer, Eugenia de Montijo, que llegó a ser emperatriz de Francia.
La atmósfera de la novela de Molina se compone de ese ambiente entre la decadencia de las estancias nazaríes y el comienzo de su esplendor a través de la imagen que dieron los viajeros románticos de la Alhambra. Granada, en aquellos años, distaba de esa visión que ofreció Irving, siendo una ciudad de epidemias, expolios, inundaciones e incendios. Pero siempre permanecieron los guardianes.

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